Muchos historiadores sitúan el final de la Edad Media , en las revoluciones liberales que comienzan con la Revolución Francesa en 1789. Esto solo es cierto si nos referimos a Europa. Toda África y parte de Asia se encuentran sumidas en una Edad Media provocada por el colonialismo de las grandes potencias. El colonialismo, vestido primero de imperialismo y después de globalización ha aumentado las diferencias entre el primer y el tercer mundo. Estas diferencias han ocasionado que los regímenes de los citados continentes se asemejen más a los monarcas absolutos que a los sistemas políticos modernos.
Estos últimos días, hemos visto con cierta sorpresa como algunos pueblos del norte de África reaccionaban contra sus dictaduras y conseguían en algunos casos (como en Túnez y Egipto) eliminarlas. Estas revoluciones, se han querido comparar con la caída del muro de Berlín en 1989 por la trascendencia mundial que se espera que tengan. En mi opinión, sería más correcto comparar estos movimientos revolucionarios con las Revoluciones liberales antes mencionados y, en concreto, con la Revolución Francesa de 1789. Ha llegado el momento de que los pueblos africanos se despidan de su Antiguo Régimen.
El optimismo suscitado en la prensa internacional por estos sucesos es razonable, sin embargo, no debemos olvidar que la Democracia no se construye en dos días. En el caso de Francia, tuvieron que pasar muchos años desde la citada revolución hasta la democracia tal y como hoy la conocemos. No olvidemos que la Revolución Francesa derrocó a un monarca absoluto para al poco tiempo acabar en una nueva dictadura liderada por Napoleón. Por lo tanto, no podemos esperar que los pueblos del norte de África pasen de la noche a la mañana del medievo al siglo XXI.