jueves, 20 de enero de 2011

Desinformación

<<Mientras haya alguien que quiera saber que pasa,
habra alguien que lo quiera contar.>>
Iñaki Gabilondo.

Hace algún tiempo leí un artículo que planteaba las siguientes preguntas: ¿qué mundo les dejamos a nuestros hijos? ¿Por qué nos recordaran las futuras generaciones? Estas cuestiones darían para mucho pero hoy me quiero centrar en los cada vez peor llamados medios de comunicación. La Real Academia Española define “medio de comunicación” como “órgano destinado a la información pública”. Esta definición tiene dos elementos clave que merecen la pena ser analizados.

En primer lugar, “información”. Si buscamos esta palabra en el diccionario anterior, obtenemos ocho acepciones. Si tomamos la acepción quinta leemos: “Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada”. Otra de las acepciones que podemos leer nos indica que puede utilizarse en el contexto de educación.

En segundo lugar, “pública”. Se trata de un servicio público, lo que significa “Actividad llevada a cabo por la Administración o, bajo un cierto control y regulación de esta, por una organización, especializada o no, y destinada a satisfacer necesidades de la colectividad”.

Si contraponemos estos tres conceptos con la actualidad televisiva veremos que, sin duda, hay algo que no encaja. La oferta de programación de la, con razón llamada, caja tonta se esta alejando cada vez más de los valores que podrían enmarcarse dentro de la educación. Que se le dediquen más programas a una persona famosa por tener relaciones sexuales con un torero que a impulsar la cultura, a informar desde la objetividad o debatir desde el respeto; demuestra hacia que evolucionan los medios de comunicación. Volviendo a las preguntas citadas en la introducción parece que en el futuro podrán responsabilizarnos por haber convertido los medios de comunicación en medios de desinformación.

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